Nace una nueva mujer
Inspirado por Amaia Arrazola

Y es de mi mano.
Se abre a partir de ella
como una grieta
insondable como la palabra
que intento darle a mi efecto
de creación y recreación.
No sé su nombre.
Tal vez sea el mismo
que fue mío
tal vez sea uno
que no he escuchado aún
porque con ella nace
también
una nueva voz.
Está desnuda.
Por supuesto
¿o acaso no llegamos
así al mundo?
Sin nada que esconder
toda entrega
confianza apertura
novedad conmoción.
Puede que llore.
Y como cualquier recién nacida
es claro que ese llanto
será signo de sanidad.
Esta nueva mujer
ya no se avergüenza
de sus lágrimas
de sus reclamos
de demandar lo que necesita.
Camina (sí, ya camina
ha andado mucho
antes de llegar acá).
Recorre, observa pliegues
marcas, historias
cicatrices.
Guían sus popias líneas
su buena o mala suerte,
ya no le importa
qué le depara el destino.
Está naciendo de nuevo
otro día y otro más
porque esto
ya lo ha hecho en el pasado.
Con ese saber vuelve a nacer
puede tener fe
en ella otra vez.
Es curiosa
pero reconoce el cansancio
el cuerpo que le pide
un hueco caliente
acolchonado
donde soñar.
Esta vez quiere hacerlo
a su tiempo
que no es el de los relojes
las agendas
los compromisos.
Si está harta de ellos…
Si está cada vez más feliz así
como la tinta la trajo al mundo
despojada de cargas
con tanto por delante
que mejor detenerse
a sentir y contemplar.
Pueden ser arduas algunas pieles
sobre todo las propias
las que una se enorgullece
de llevar a cuestas
diciendo:
Mi piel todo lo puede.
¿Y si no?
¿Y si necesita del contacto
con otra piel?
¿Y si se hiere,
si se rasga, si sangra,
si raspa, repele,
si lastima?
Por qué insistir
en poderlo todo.
Por qué no rendirse
antes de desaparecer.
La nueva mujer nacida
es tersa
porque se ama.
Se ha hecho a sí misma
se ha escrito y reescrito
y también
lo sabe
se ha borrado.
Desconoce quién será ahora
a dónde irá.
Tiene miedo de salir
de la palma de la mano
porque nada como conocerse
para sentirse como en casa
estando con una,
en donde se esté.
Pero sabe que el mundo
la estará esperando.
Quiere salir
no sabe si ahora
tampoco cuándo y
como se lo ha prometido
no se va a presionar.
Una nueva mujer ha nacido
y es entrelazada a sus dedos
uniendo el pulgar
con el meñique.
El índice ya no indica nada
no es necesario.
Tampoco el anular es el que guía.
Lo hace el corazón.